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jueves, 12 de noviembre de 2009

Hogar 2.0


No es que mi casa sea la nueva red social en la que la galleta de la fortuna te dice que te toca limpiar el baño, sino que por fin hemos encontrado piso y la nueva versión de Hogar es una versión bastante mejorada de mi anterior cuarto forrado con papel de ovejitas.

Pedra, Iniga (mantengo nombres codificados por lo de la protección de datos) y yo nos hemos hecho mayores y a nuestros ventipico años nos hemos vuelto a emancipar de nuestras familias. Así que, primer punto positivo del Hogar 2.0: no tengo que mandar sms a mi madre ucraniana cuando no voy a ir a casa a cenar (perdona, Mamá, ya sé que odias que vaya encontrando madres por ahí, pero son madres de cascarilla). Que esté infinitamente contenta con el Hogar 2.0 no quiere decir que mi madre ucraniana no sea genial. El último día fuimos juntas a casa de sus padres en su coche, terriblemente parecido al de Mr. Bean. Lo de tomar a Mr. Bean como referencia es porque todos los días ponen el mismo capítulo en las televisiones que hay en los vagones del metro. Llevo un mes aquí y ya puedo afirmar que la inversión realizada en televisiones sirve únicamente para emitir los siguientes vídeos sin ninguna variación posible: Mr. Bean, Tom y Jerry, modelos (con el conocido problema de índice de masa corporal por los suelos) bajando unas escaleras tipo Sisí Emperatriz y vídeos del tipo Ole tus vídeos o Videos de primera que tratan exclusivamente sobre animales. Como decimos aquí, Eta Ukraína, que yo entiendo como “así es Ucrania, esto es lo que hay”.

Estaba con la visita a la abuela, que es un encanto, pero que esta vez no sacó Bombay Safir. Lo que sí sacó fueron todos sus álbumes de fotos antiguas, en las que sale un retrato de Lenin de fondo tantas veces o más que la propia familia. También conocí al abuelo, que, por lo que pude entender, es ingeniero especializado en las uniones de materiales y me dio una clase particular, así, y gratis. Tuve un flashback de mis peores momentos en electrónica de dispositivos y me planteé cómo eso me había llevado a estar en Kiev, en un piso realmente soviético con tres ucranianos enseñándome su álbum familiar. En un principio los ucranianos pueden parecer fríos, pero cuando los conoces en persona son muy acogedores. El portero hostil acabó sonriéndome abiertamente y eso que todas nuestras conversaciones eran “buenos días/tardes/noches” y “el ascensor no funciona”. Me da pena dejar de ver a esta familia, pero cuando estoy en mi cama de matrimonio, con mi armario gigante y mi balconcito lo olvido por un rato. Así que, segundo punto positivo del Hogar 2.0: tengo un cuarto increíble, con un armario que no he tenido ni tendré nunca más.

La semana pasada hicimos fiesta de inauguración (Independence day party) y vino prácticamente todo el mundo conocido y desconocido, menos los que estaban con el Cónsul, que nos hizo la contra-fiesta con chef de lujo y la Rosa de Ucrania incluidos. De nuestra fiesta sin chef de lujo, pero con salchichón, queso y mucho Vodka con zumo de naranja, me vienen imágenes de un montón de gente cantando canciones de Britney Spears (el cd fue un obsequio del casero Serbio, algún día hablaré sobre él), de gente sacando la leche de la nevera y mezclándola con Vodka (¡¡), del extraño sentido del ritmo de algunos bailarines de por aquí y de todos buscando taxis para ir a alguna discoteca. Por la mañana acabamos desayunando en McDonalds, nueva costumbre que estamos adquiriendo con eso de que aquí son 24h. Con todo esto, tercer punto positivo: podemos hacer fiestas en casa.

Y resumen del resto de puntos positivos: la oficina está a 5 minutos, hemos encontrado un gimnasio a 5 minutos en la otra dirección (no en la oficina) donde hasta podemos dar clases de strip-tease (no las voy a dar, Mamá, pero explica muchas de las cosas que hemos visto en los bares de por aquí, Eta Ukraína), muchos amigos nuestros viven en el barrio, tenemos dos supermercados 24h cerca (McDonalds no), hemos comprobado que nos cabe mucho Vodka en la nevera, tenemos dispensador de agua como la gente en el trabajo, tengo espejo así que por fin puedo ver si los zapatos pegan con la ropa y además me los puedo dejar puestos al entrar si me da la gana, no se puede romper el ascensor porque no tenemos, tenemos un sistema dolby surround que seguro que no tienen los cines de aquí y muchas más cosas que ahora mismo no se me ocurren porque me quiero poner a estudiar ruso.

Pero lo más importante de todo es que mis dos compañeros son geniales. El martes a las 12 de la noche decidimos salir los tres a tomarnos una cerveza al karaoke del barrio y eso no se consigue con cualquiera. Entre los tres estamos recopilando los teléfonos de todos los personajes de Kiev La Nuit, miedo me da la siguiente fiesta. Ah! y tenemos una mascota, la Sabaca, que os pongo en la foto porque es preciosa.

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Post enviado desde la Wi-Fi del Hogar 2.0

miércoles, 14 de octubre de 2009

De Ferreros Roché y otras historias



O el 12 de Octubre más glamouroso de mi vida.

Como es costumbre en este nuevo ambiente elevado que me rodea, el Embajador de España invitó a sus compañeros (como yo, becaria de informática) a una recepción el día de la Hispanidad.

Me puse mi vestido más amortizado, unos tacones 15 cm más bajos de lo que acostumbran las ucranianas y bajé mis doce pisos sin luz en busca del taxi al que habían llamado para mí (ya que sigo siendo incapaz de comunicarme) con el que habían apalabrado que me llevara a la recepción por 29 grivnas. A la altura del piso 8 me di cuenta de que había olvidado la invitación en el maldito piso 12. Sube corriendo 4 pisos, baja corriendo 12 para no hacer esperar al señor Embajador.

Al llegar abajo mi taxi no estaba en ninguna parte y había olvidado el número de matrícula en el maldito piso 12. Entré en el coche de una señora y le pregunté si era un taxi, porque en este país los taxis funcionan así. Parece ser que no era porque no le hizo mucha gracia. Me subí en el que estaba parado más cerca y que me pareció que podía ser el mío. Una vez dentro descubrí que efectivamente NO era el mío y que cuando llegara me podía hacer pagar todo el estipendio de un año (guiño a mis compañeros becarios) por no haber apalabrado un precio antes y porque sí, los taxis en este país funcionan así. Finalmente llegué asustada al edificio y sólo perdí 40 grivnas, que son menos de 4 euros, nada para una becaria como yo. Y las perdí tan feliz porque el taxista me dijo 40 en ruso y lo entendí perfectamente.

Una vez en la recepción tuve la oportunidad de conocer a diputados de la OTAN, diseñadoras de moda, a la segunda gerente de Zara en Ucrania, a mi vecina de Málaga que resulta que está en Kiev, etc. También conocí al Cónsul, que gracias a Dios es de Graná y solo me recordó 7 veces durante la noche nuestra brillante introducción:

Persona X: Becaria de Informática, conoces a Tal?
Becaria de Informática: ¡Hola! No sé, tu cara me suena… Te he visto en la Embajada o en el Consulado estos días. No lo recuerdo bien, nos han presentado a mucha gente.
Tal: No, no nos hemos conocido.
Becaria de Informática: Que sí hombre, que por algún lado te he visto. Bueno, y tú qué, ¿qué haces por aquí?
Tal: Soy el Cónsul.
Becaria de Informática: Ah, perdón.

Y bomba de humo.

Y entre una metedura de pata y otra pasó la fiesta, nos comimos el jamón, nos bebimos el vino y nos fuimos a un par de bares con Cónsules, vecinas, compañeros becarios, jefes… sin llegar a ver al Embajador que debió de irse con sus Ferrero Roché.

Y al día siguiente, primer día de curro...perdón, de beca, que me regañan.



Nuevo propósito de principio de beca: ser capaz de negociar un taxi.